viernes, 6 de septiembre de 2013

El Placer de Laura

 

Laura caminaba por la vieja casa que permanecía envuelta en penumbras. La vela que sujetaba apenas le permitía ver donde ponía los pies para no caerse. No sabía donde se encontraba ni como había llegado allí. Simplemente cerró los ojos y al abrirlos estaba en este lugar tenebroso.
Subió por las escaleras de caracol, hasta llegar a la parte de arriba de la antigua y extraña casa. Le pareció escuchar un sonido, como de un gemido ahogado. Se dirigió hacía la habitación de donde creía provenir el gemido que había escuchado.
La habitación era fría y oscura, había dos columnas en el centro, con grilletes enganchados a ellas. Lo que más le llamó la atención fueron las jaulas colgadas desde el techo. Con curiosidad insana y algo de miedo, se acercó para verlas mejor. Pegó un respingón cuando una mano salió de entre los barrotes e intentó agarrarla.
La mano pertenecía a una mujer completamente desnuda, excepto por un collar que llevaba alrededor del cuello. La mujer le miró y se relamió los labios.
Poséeme, por favor, te lo suplico… No me hagas esperar más…
 
Laura sintió rechazó ante la proposición de la mujer, aunque la humedad creciente en su entrepierna hacia evidenciar que en el fondo había despertado un deseo oculto que no creía conocer.
 
—Laura…


 
Laura se giró al escuchar su nombre. Sus ojos contemplaron a una chica de unos treinta años, delgada, con una larga cabellera rubia. Sus ojos eran penetrantes y se clavaron en ella de una manera como jamás lo había hecho nadie antes.
Apenas llevaba ropa, sólo un camisón semi-transparente, que dejaba ver su esbelto y sexy cuerpo, unas cadenas que llevaba enrolladas alrededor del cuello y la caían por encima de los pechos.
Sin saber por que, sintió una atracción y un magnetismo hacía la extraña mujer. Algo casi animal le impulsaba a desearla, a poder saborear esa tersa piel, esos pechos tan apetitosos…
¿Qué estaba haciendo? Nunca tuvo antes esos deseos con una mujer, pero ahora no podía controlarse, estaba como una perra en cela, deseando que se fijase en ella.
En ese instante fue consciente de su propia desnudez. Llevaba sólo una pequeña camiseta de tirantes y un tanga.
La mujer sonrió y se acercó a Laura. Pudo sentir su perfume natural, exudaba sexo por todos sus poros. La agarró por la cintura y arrancó su tanga de un solo tirón. La mujer observó con satisfacción el coñito totalmente rasurado de Laura y su soberbio y apetitoso culo.
Le enroscó las cadenas alrededor del cuello y la obligó a arrodillarse, inmovilizándola al atarla con las cadenas. Para su sorpresa, empezó a azotarla, ella gemía, primero de dolor y humillación, y después, sorprendiéndose a si misma, gozando con esa situación. Estaba completamente húmeda, su sexo se deshacía ante lo que le estaba pasando.
 
Le mordió el lóbulo de las orejas, Lamió su cuello, su ombligo y empezó a bajar su mano por la cara interior de sus muslos. Pegón un respingón al notar sus dedos en su hendidura, Laura estaba completamente empapada y tendió su coño abierto. Abrió su sexo y su lengua comenzó a lamerla con avidez, saboreando ese coñito tierno y jugoso. Laura se estremeció como nunca antes, nunca había estado tan excitada, parecía arder en su propio interior.
Se besaron. Sus salivas se mezclaban, sus labios se tocaban, saboreándose mutuamente sus apetitosas bocas.
La mujer Le enlazó la cintura, sus vientres estaban el uno contra el otro. Deslizo la mano por sus tersos y suaves pechos y notó un pezón duro y erguido. Lo apretó entre sus dedos y ella sintió un estremecimiento de placer. Sus coños se frotaban en una sexual danza de fricción que hizo que ambas gritasen de tanto que estaban gozando.
Le chupó los pechos, mordisqueándole los pezones, que estaban duros y erectos.
Ella separó los labios del sexo de Laura e introdujo un dedo. Después un segundo. La escuchó gemir y jadear, y sin avisarle, introdujo de una sola vez el resto de su mano.
Laura gritó, tanto de sorpresa como de dolor y placer. El sentir como era penetrada con la mano y la excitación desencadenaron un estremecimiento de placer que le recorrió todo el cuerpo.
Como si de una polla o un consolador se tratase, la folló con violencia con su propia mano. Laura creyó morir de tanto placer que sentía. La extraña mujer se detuvo y Laura la miró creyendo que se marchaba. La mujer puso su coño a su alcance y empezó a trabajar con el de Laura. En una perfecta posición del sesenta y nueve, ambas encajaban a la perfección, dándose placer mutuamente, con la cabeza hundida en los muslos de la otra.
 
 
Laura le lamía, con inexperiencia, pero con ganas de aprender. La mujer parecía mucho más experta, hundió su lengua en su coño, penetrándole profundamente, mordiendo con pasión su clítoris. Para sorpresa de Laura, esta buscó la hendidura de su año y empezó a lamerlo, haciéndole sentir un gozó inesperado. Lentamente le introdujo un dedo, primero con cuidado, después metiendo dos dedos y abriéndolo ampliamente.
Gozaba tanto que llegó un punto en que no sabía por que agujeros estaba siendo penetrada por sus dedos. Laura jadeaba y suspiraba y sintió como se corría. Ambas  lo hicieron casi al unísono, derramando su humedad en las bocas ávidas de las dos amantes.
En ese momento, Laura despertó. Se hallaba en el la cama y en la TV ya había terminado la emisión. Se había quedado dormida viendo la TV, mientras comía unas palomitas y veía una película.
 
Laura resopló. Vaya sueño- pensó- Y se estremeció al recordarlo. Tenía el tanga mojado de lo húmeda que se había puesto durante la experiencia onírica.
 
Notó que tenía algo alrededor de los labios una humedad. Pasó su lengua por sus labios y reconoció el néctar que manó del sexo de la extraña mujer.
Sintió un escalofrío. ¿Había sido realmente un sueño?
 

 

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